La fatiga aesthetic llega a la hostelería: ¿ya no basta con ser instagrameable?
Durante los últimos años, ser instagrameable se ha convertido casi en un requisito para muchos restaurantes. Interiores llamativos, neones, espejos, vegetación, vajillas singulares o rincones pensados para conseguir la fotografía perfecta han ganado protagonismo dentro de numerosos proyectos gastronómicos.
Las redes sociales han cambiado la forma en la que descubrimos restaurantes y también la manera de diseñarlos. Sin embargo, cuando determinados recursos empiezan a repetirse, aquello que inicialmente conseguía diferenciar un establecimiento puede terminar generando el efecto contrario: restaurantes diferentes que visualmente resultan demasiado parecidos.
En este contexto aparece la denominada fatiga aesthetic, un cierto cansancio ante estéticas muy reconocibles y construidas alrededor de las mismas tendencias. Una realidad que plantea una pregunta interesante para la hostelería: ¿sigue siendo suficiente tener un restaurante bonito e instagrameable para destacar?
Cuando seguir las tendencias deja de diferenciar
Las tendencias forman parte del diseño y pueden ser una excelente fuente de inspiración. El problema surge cuando se reproducen sin interpretar si realmente tienen sentido dentro del concepto del establecimiento.
El cliente está expuesto diariamente a multitud de imágenes de restaurantes. Por eso, sorprender únicamente desde la estética es cada vez más complicado.
Algunos recursos pueden perder capacidad de diferenciación cuando aparecen constantemente en proyectos muy distintos:
- Rincones creados exclusivamente para fotografiarse.
- Neones y frases como elemento decorativo.
- Paletas cromáticas prácticamente idénticas.
- Materiales seleccionados únicamente porque están de moda.
- Vajillas llamativas sin relación con la propuesta gastronómica.
- Elementos decorativos que podrían pertenecer a cualquier restaurante.
No significa que haya que eliminarlos. La cuestión está en preguntarse qué aportan al concepto y por qué deberían estar ahí.
De ser fotografiable a ser reconocible
Que un cliente quiera fotografiar un plato, una barra o un rincón continúa siendo positivo para cualquier establecimiento. Las redes sociales siguen siendo un importante escaparate para la restauración.
Pero existe un objetivo todavía más interesante: conseguir que el cliente pueda reconocer el restaurante al ver esa fotografía, incluso antes de encontrar su nombre.
Ahí es donde entra en juego la identidad. Arquitectura, iluminación, mobiliario, materiales, menaje, gastronomía y servicio pueden trabajar conjuntamente para construir una experiencia coherente.
No todos los conceptos necesitan los mismos códigos. Un restaurante centrado en producto, una propuesta gastronómica informal o un establecimiento pensado para el servicio nocturno deberían transmitir sensaciones diferentes.
Además, tener personalidad no implica necesariamente añadir más elementos. Recuperar materiales originales del local, diseñar una barra especialmente para el proyecto, seleccionar piezas con carácter o simplificar determinados espacios puede resultar mucho más reconocible que incorporar cada nueva tendencia.
La identidad gana terreno
La fatiga aesthetic no supone el final de los restaurantes visualmente atractivos. Lo que plantea es una evolución: pasar de diseñar únicamente para generar impacto a diseñar para construir una identidad.
El reto está en conseguir espacios que funcionen bien en una fotografía, pero todavía mejor cuando el cliente los experimenta. Lugares cómodos, funcionales y coherentes con la propuesta gastronómica que, además, sean capaces de permanecer en la memoria.
En un sector con una oferta cada vez mayor, tener un restaurante bonito puede no ser suficiente para diferenciarse. La oportunidad está en crear establecimientos con elementos propios, capaces de transmitir una personalidad difícil de replicar.
Ser instagrameable sigue sumando. Pero quizá ahora haya una pregunta más importante: si alguien ve una fotografía de tu restaurante, ¿sería capaz de reconocerlo?